Edgar Borges (Publicado en ARGENPRESS CULTURAL)

Ya sabía yo que Vicente es un sujeto literaria (y feliz) mente atípico. Es más, es uno de los pocos escritores actuales que, en español, se puede leer sin que luego sobrevenga un bostezo. De su producción (que apunta hacia diferentes vías de la comunicación) me llamó la atención la iniciativa que tuvo de escribir íntegro el número 322 de la revista “Quimera”, dedicado al tema “Literatura y falsificación”. En ese especial usurpó, previo acuerdo con todas las partes involucradas (menos la del lector), las firmas de los colaboradores habituales del medio. El factor sorpresa (tan sepultado últimamente) es algo que todo buen lector agradece. Por todas las razones antes expuestas, pero sobre todo por la necesidad que tengo de buscarle arreglo a mi difícil relación con Facebook, le he solicitado a Vicente que me responda cinco preguntas. Lo que sigue no es una entrevista, es simplemente la consulta de un internauta que confiesa sentirse atormentado de un ruido (“me gusta”, “me gusta”, “me gusta”) invisiblemente sospechoso.
EB: .-Hola Vicente. Me ha dado la sensación de que tú promulgas (o quieres encontrar) una forma de silencio en las redes sociales (no sé si específicamente en Facebook o en todas). ¿Cómo es eso?
VLM: Mi preocupación por el silencio viene de antiguo; tengo un ensayo inédito sobre formas de silencio artístico y literario, que guardan una obvia parentela con la idea filosófica de Nada o con la mística oriental del vacío, temas ambos que me interesan mucho. Me pregunté si era posible utilizar esa estética de modo puntual para desactivar el ruido continuo de Facebook y Twitter y me sorprendió mucho que no fuese factible. Una persona me ayudó para solucionarlo en Twitter, donde ahora bombardeo una vez al día con tuits negros y blancos, suprematistas a lo Malévich, pero Facebook se resiste todavía. El señor Zuckerberg quiere vernos hablar sin descanso. Para escuchar él, supongo.
EB: Si asumes que Internet no es un acto silencioso, ¿qué forma de ruido sería?
VLM: Facebook es el “White noise”, el ruido de fondo del sistema; Twitter también, pero puede ser revertido, intervenido con blanco zen.
EB: Triunfaron los mensajeros, pero, ¿murió el mensaje?
VLM: Esa sensación se tiene desde Homero, pero no es cierta. El sentido y el mensaje están presentes, son parte del paisaje; lo que hay que hacer es resaltarlos de la hojarasca general, separar el grano de la paja, y “etiquetar” lo que es fango y estrépito destacando, por oposición, lo valioso. Es obvio que lo que para mí puede parecer “sentido”, como cierto sinsentido poético, puede no ser “mensaje” en absoluto para los demás, y viceversa. La pluralidad de sentidos, a veces contrapuestos, es lo que nos hace libres y ricos en puntos de vista.
EB: Cada quien un escritor, cada quien un pintor, cada quien un actor, cada quien un show, cada quien una voz, cada quien una revista, cada quien un editor, cada quien una editorial, cada quien un planeta. ¿Estamos a las puertas del manicomio global de los sordos?
VLM: El mundo es ruido y furia contado por un idiota, ya lo dijo Shakespeare en Macbeth. Hay una lección muy importante ahí: la salvación del sentido está en quien escucha. Es quien oye todos los discursos el dueño de la llave, el que está agazapado en silencio, leyéndolo todo, oyéndolo todo; ése tiene la suficiente tranquilidad de ánimo para seleccionar lo importante y aparcar, minuciosamente, el resto.
EB: Entendiendo que el Apocalipsis es una especulación (no hay esperanza de un final), una posible solución para conseguir el bendito (y anhelado) silencio, ¿podría ser organizar una subasta de bienes virtuales? ¿Veremos pronto una ola de subastas virtuales (cuentas de correos, de redes, webs, wikis, enlaces, etc)?
VLM: No lo sé, conformémonos con que sigan siendo gratis… Ahora no son subastables, porque no tienen valor monetario. El día que lo tengan las consecuencias serán terribles.
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